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Publicado en 11/04/2016

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Compañías de servicios públicos de Brasil le dan la bienvenida a China

22/09/2017 - 13h19

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JAMES KYNGE
"FINANCIAL TIMES"

Cuando Li Keqiang, el primer ministro de China, trató de enfatizar la solidez de las relaciones de Beijing con Brasil, él escribió acerca de la fascinación de los chinos con las telenovelas brasileñas, como la "Escrava Isaura" de la década de 1970.

La serie, la cual fue presentada a las entusiastas audiencias en China, sigue las tortuosas batallas con la adversidad de la hermosa y modesta Isaura.

Una narrativa similar pudiera aplicarse -aunque ciertamente con mucho menos ardor romántico- a la relación económica entre Brasil y China.

Ese ardor que había estado presente durante el auge de las exportaciones de materias primas a China durante los primeros años del milenio ya se había disipado para 2015 a medida que un colapso económico dejaba a millones de personas sin trabajo.

Pero en el mismo artículo de 2015 en el que ensalzó a Isaura, Li utilizó un tono optimista. Los "socios naturales" forjarían un nuevo camino que trascendería la dependencia en el comercio de materias primas y enfatizaría la inversión china en infraestructura para ayudar a Brasil a evitar la "trampa de los ingresos medios", escribió Li.

"China está dispuesta a participar en la red brasileña de ferrocarriles de carga, en la red eléctrica, en la red de comunicaciones y en otros grandes proyectos de construcción, y a cooperar con la parte brasileña a través de toda la cadena industrial en la construcción naval, en la exploración de los químicos, del petróleo y del gas, así como en otras áreas", agregó Li.

Durante los últimos 18 meses, Beijing ha comenzado a cumplir con su promesa de manera enfática. Kevin Gallagher, un profesor de política de desarrollo global en la Universidad de Boston, comentó que ya está en marcha una nueva fase en la relación comercial de China con Brasil.

"El auge con respecto a las materias primas ha terminado, pero ahora existe un cambio hacia la infraestructura, hacia la banca y hacia cierta manufactura".

Una de las expresiones más claras de la nueva determinación de China se hizo evidente en junio de este año, cuando acordó destinar US$15 mil millones a un fondo bilateral de US$20 mil millones destinado principalmente a ser utilizado en proyectos de infraestructura.

Las instituciones financieras brasileñas están programadas para proporcionar US$5 mil millones al fondo, el cual fue inicialmente propuesto por Li durante su visita de 2015 al país.

La magnitud de las necesidades de infraestructura de Brasil -y por lo tanto del tamaño de la oportunidad para las firmas de ingeniería de China ansiosas por obtener contratos- es enorme.

El Centro de Infraestructura Global (conocido en inglés como GI Hub), una iniciativa de investigación del G20, calcula que Brasil necesitará asignar US$2,7 billones a la infraestructura para 2040, pero al ritmo de inversión actual sólo logrará alcanzar US$1,5 billones de esta cantidad, dejando un déficit de US$1,2 billones.

Estas presiones, reforzadas por las de una economía en recesión, han conducido a una actitud más abierta en relación con que los extranjeros posean y construyan infraestructura.

Los grandes grupos estatales de China se han aprovechado de esto, comprando algunos preciados activos de infraestructura y preparando ofertas para muchos más, según han declarado funcionarios y analistas.

"Algunos países no permitirán inversiones de China en los sectores de infraestructura básica, pero ése no es el caso en Brasil", dijo Roberto Jaguaribe, el presidente de Apex-Brasil, la agencia brasileña de promoción del comercio y de la inversión. "Somos muy receptivos a las inversiones en infraestructura por parte de China".

A Jaguaribe, un ex embajador brasileño en China, no le cabe duda alguna de la importancia macroeconómica que representan las inversiones chinas conforme su país lucha por liberarse de la profunda recesión que le siguió al auge de las materias primas.

En cifras concretas, las adquisiciones de China lideradas por la infraestructura ascendieron a US$5,7 mil millones durante los primeros cuatro meses de 2017, representando casi el 40 por ciento de la inversión entrante total, según la firma consultora Dealogic.

La Cámara de Comercio Brasil-China en São Paulo prevé que este número pudiera alcanzar los US$20 mil millones para todo 2017, un aumento del 70 por ciento en relación con 2016.

La importancia de las inversiones de China en infraestructura puede verse claramente en los sectores de generación y transmisión de energía.

State Grid Corp., una compañía estatal de transmisión de energía china y la mayor compañía de servicios públicos del mundo, compró una participación mayoritaria en CPFL Energia el año pasado.

Esto hizo que la compañía china -que ya operaba cerca de 10,000 km de cables de alta tensión en Brasil- se convirtiera en la responsable de una de las partes más grandes de la red eléctrica del país.

En el campo de la generación de energía, la China Three Gorges Corporation compró una franquicia de 30 años para dos enormes plantas hidroeléctricas, la Jupiá y la Ilha Solteira, por US$3,7 mil millones a fines de 2015.

Pero esto pudiera ser sólo el comienzo de una ola de acuerdos. Numerosas otras compañías eléctricas chinas, como Shanghai Electric, China Southern Power Grid y Huaneng, están considerando la posibilidad de presentar ofertas por la compra de activos en la industria energética pautados para la venta, según han declarado los analistas.

En cierto sentido, los chinos están actuando como caballeros blancos. La deuda de algunas compañías brasileñas de electricidad está aumentando a niveles insostenibles, exacerbada por la recesión y por una medida gubernamental de 2012 que ha obligado a las compañías a recortar las tarifas para renovar sus contratos de 30 años con el gobierno.

Una intensa sequía entre 2013 y 2015 secó los embalses del país, gravemente afectando a las compañías hidroeléctricas, a la vez que los clientes se cambiaban de fuentes de energía hidroeléctricas a fuentes termoeléctricas.

La dimensión estratégica de esto es que Beijing considera a Brasil como un importante aliado en el mundo en vías de desarrollo, un mercado potencial clave de más de 200 millones de personas y un trampolín para obtener más oportunidades comerciales en el resto de Latinoamérica.

El hecho de que Brasil esté situado en un área estratégica cercana a Estados Unidos, el cual tiene una relación cada vez más tensa con China, sólo aumenta el valor de los lazos de Beijing con el país.

Según Jaguaribe, sin embargo, existen preocupaciones residuales. Las compañías chinas de infraestructura debieran ser cuidadosos en observar las prácticas laborales brasileñas, los estándares ambientales y sociales a medida que van adquiriendo grandes partes de la infraestructura básica del país, él advierte.

"La mayor barrera es que no pueden actuar en el extranjero como lo hacen en China", agregó Jaguaribe. "Algunos países les permiten hacer esto, pero esto no sucede en Brasil".

(c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved

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