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Publicado en 11/04/2016

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El Gobierno de Brasil, el ilustre ausente en el anuncio del acuerdo Boeing-Embraer

06/07/2018 - 13h17

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IGOR GIELOW
MURMANSK

Tras 11 largos párrafos de comunicado en el que son delineados los puntos de la compra de la línea de aviación regional de Embraer por parte de la estadounidense Boeing, surge "gobierno brasileño", como uno de los accionistas interesados que tendrá que aprobar el negocio.

La ligereza contrasta con la reacción del presidente Michel Temer al saber, por medio de la prensa, que ambas empresas estaban conversando de forma avanzada sobre asociarse. A finales de diciembre de 2017, Temer fue asertivo y dijo que no vendería nunca a Embraer.

P Photo/Ted S. Warren, File
Tras meses de negociaciones, el gobierno brasileño aprobó la continuación del acuerdo entre Boeing, de EE. UU., y la brasileña Embraer.
Tras meses de negociaciones, el gobierno brasileño aprobó la continuación del acuerdo entre Boeing, de EE. UU., y la brasileña Embraer.

En realidad, el Gobierno ya había vendido la empresa en 1994, pero lo que el presidente quiso decir es que vetaría la pérdida de control del accionario nacional haciendo uso de su acción de clase especial, la "golden share". También era una media verdad, ya que el capital de Embraer está muy pulverizado y los fondos extranjeros son dominantes en la composición de su cartera. Pero el recado político había sido dado.

A los estadounidenses no les gustó, pero lo entendieron. Con los brasileños, se sentaron varias veces en la mesa de negociación a lo largo de seis meses con un grupo de trabajo montado por el Palacio de Planalto, entre los que había representantes de Defensa, Hacienda, BNDES y Aeronáutica. Fue entonces cuando las diversas aristas fueron siendo definidas hasta llegar al formato parcialmente revelado el jueves (5).

El primero y más importante óbice había sido manifestado por los militares, que no aceptaban que Boeing comprara toda la Embraer, como pretendía al principio. Y ello porque perderían el control sobre las decisiones estratégicas de proyectos importantes - por ejemplo, un nuevo avión encargado a Embraer podría ser sometido a la aprobación del Congreso estadounidense. Boeing argumentó que daría garantías, pero acabó cediendo.

Mientras tanto, el tono político de la discusión dio lugar a argumentaciones técnicas. En año electoral, cuya contaminación ya impidió la propuesta de privatización de la compañía Eletrobras, el Gobierno temía ser responsabilizado por el fracaso en las negociaciones de un acuerdo que evalúa bien a la empresa brasileña.

Por su parte, Ciro Gomes (PDT) ya han avisado que vetaría el negocio, lo que torna el plazo de hasta 18 meses, para el final de las negociaciones tras la aprobación del negocio, significativamente vulnerable.

Ahora, la orden del Ejecutivo ES no crear problemas. Esperar los tres o cuatro meses de ajuste y evaluaciones técnicas del negocio para entonces pronunciarse cuando la cuestión llegue al Consejo de Administración de la Embraer. La Unión de Estado Brasileños tiene uno de los diez escaños en el consejo, con poder de veto "Golden share". Tendrá 30 días para pronunciarse a partir de la recepción formal de la propuesta.

Si se aprueba, difícilmente un nuevo gobierno podría darle la vuelta a la decisión. Pero la turbulencia política que un presidente contrario a la nueva empresa causaría ya parece estar en parte prevista en la caída de las acciones de Embraer tras el anuncio del acuerdo.

Traducido por AZAHARA MARTÍN

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