Acuerdo UE-Mercosur es histórico, pero enfrentará obstáculos

Es un trabajo de 20 años, no de esta administración, pero políticamente es un trofeo que el presidente querrá exhibir

IGOR GIELOW
São Paulo

El acuerdo entre Mercosur y UE (Unión Europea) es un hecho histórico, de hecho, es el primero del que podrá presumir el gobierno de Jair Bolsonaro. En realidad, es un trabajo de 20 años, no de esta administración, pero políticamente es un trofeo que el presidente querrá exhibir -no es para menos porque Itamaraty ha trabajado bastante para acelerar las tratativas en los últimos meses

Casi no pudo ser. La incontinencia verbal del presidente y del ministro jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, el general Augusto Heleno, casi hizo abortar el anuncio durante la víspera, cuando llegaron las críticas europeas a la gestión ambiental brasileña.

Según Folha pudo escuchar de la boca de algunos diplomáticos involucrados en las negociaciones en Bruselas, el equipo sintió un verdadero temor de que el acuerdo no se anunciara. La mediación  de la delegación en Osaka, en la reunión del G20, fue fundamental: el encuentro cancelado con el presidente francés, Emmanuel Macron, se tornó una “photo-opportunity” medio torpe con derecho a invitación a visitar la Amazonia.

Brussels, Belgium , 28.06.2019 , El ministro de Asuntos Exteriores Ernesto Araujo .Credito Itamaraty Brasil

Sin embargo, el acuerdo ya estaba bastante cosido antes de la confusión del jueves (27). La cuestión, ahora, es delinear los límites de la realidad: ningún acuerdo de este tipo entra en vigor de un día para otro, por más que sirva a intereses políticos y electorales más inmediatos.

Al contrario. Los mismos problemas políticos que amenazaron brevemente el anuncio del fin de la negociación estarán presentes en los próximos años. No hay una estimación confiable, pero los diplomáticos hablan de dos o a cinco años hasta que el texto entre en vigor.

El motivo es burocrático y político. Para entrar en vigor, el acuerdo debe ser aprobado por los consejos de Mercosur y de la UE, por los parlamentos de los bloques y, principalmente, por el Legislativo de los 32 países miembros (aún contando con el Reino Unido, que ya está saliendo del club europeo).

Si es fácil cuando se piensa en Sudamérica, el escenario político cambia bastante cuando la mirada se dirige a Europa. Es verdad que hoy el continente está dominado por gobiernos de centro y centro derecha, lo que teóricamente facilita la vida de un acuerdo de libre comercio.

Como la amenaza vacía de Macron, después de que el Gobierno de Bolsonaro diera marcha atrás en su idea de abandonar el acuerdo climático de París. En este sentido los colores políticos pueden decir poco o por el contrario, mucho: en Suecia, el ecologista Partido Verde forma parte de la coalición que gobierna el país, y puede muy bien vetar el acuerdo UE-Mercosur por los mismos motivos que el presidente francés sugirió.

Además, hay toda una agenda defendida por Bolsonaro que puede atizar los pruritos europeos, como su combate a lo políticamente correcto y la llamada ideología de género, además de cuestiones más objetivas como las demarcaciones de tierras indígenas.

Al final, todo es negocio y aparentemente las principales aristas se resuelven. Esto puede acelerar los procesos, aunque es importante dejar claro los riesgos que se avecinan. En Europa, Portugal, España y Grecia, por ejemplo, tienen los gobiernos nominalmente a la izquierda que pueden dar algo de trabajo.

Una experimentada negociadora brasileña dice que al final el mayor problema se presentará a la hora de las discusiones sectoriales. La presión de grupos como agricultores franceses o metalúrgicos alemanes, altamente organizados e incrustados en la estructura del Estado, puede hablar alto y dificultar el juego.

Un factor que jugó a favor del cierre del acuerdo fue la disputa comercial entre China y Estados Unidos. Europa sabe que en este enfrentamiento necesitará toda la ayuda posible para tratar de mantenerse por encima de la línea del agua en el océano del comercio internacional.

Entonces entra el alegato del gobierno y su agenda liberalizadora de la economía: sólo será posible integrar a Brasil en las cadenas globales de producción, además de ampliar su ya vasto espacio en áreas como la agroindustria, con un desbloqueo del ambiente de negocios.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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