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Publicado en 11/04/2016

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La prensa fue atropellada

28/05/2018 - 15h37

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PAULA CESARINO COSTA

La semana terminó con más de 500 cortes en las carreteras del país. Las gasolineras cerraron, los autobuses dejaron de circular, los aviones se quedaron en tierra, los productos desaparecieron de las estanterías, las industrias pararon, los hospitales interrumpieron los tratamientos ambulantes y los coches de policía disminuyeron las patrullas. La distribución de periódicos y revistas también fue afectada.

Este fue el escenario provocado por camioneros y / o empresas de transporte que decidieron realizar una paralización para forzar la reducción del precio del diesel. El precio del diesel subió un 12,3% en mayo y ya es uno de los más altos de la historia.

La manifestación sorprendió a la mayoría de los brasileños. Desde el inicio del mes, sin embargo, el Gobierno recibía avisos de entidades vinculadas a los camioneros sobre la posibilidad de llevar a cabo paralizaciones.

El 7 de mayo, el Blog de los Camioneros informaba que las protestas contra los consecutivos aumentos del diesel habían comenzado, en Barra Mansa (RJ), en la vía Dutra, y tendían a intensificarse. Sugería que la articulación de las movilizaciones estaba siendo organizada por medio de redes sociales.

El día 14, la Asociación Brasileña de Camineros (Abcam) interpuso un oficio en la Presidencia de la República exigiendo la reducción de los impuestos sobre los combustibles, con plazo hasta el día 20. El día 18, la Confederación Nacional de los Transportadores Autónomos (CNTA) lanzó un comunicado en el que, mencionaba la posibilidad de una manifestación a partir del lunes 21, lo que de hecho ocurrió.

Los periódicos no conocían las alertas o no les importaron. El Gobierno tardó en reaccionar. Bloqueos en varias carreteras del país, incluyendo vías importantes y cercanas al lector de Folha como Anhanguera y Anchieta / Inmigrantes, fueron registrados de forma discreta en la web e ignoradas en la versión impresa. Hasta el martes 22, nadie consideró la dimensión que el movimiento estaba tomando.

La categoría de los camioneros reúne a unos 600.000 profesionales sindicalizados. En total, en el país hay 1 millón de camioneros autónomos.

Cuando decenas de carreteras fueron cortadas se puso de manifiesto la falta de preparación de la prensa en general, no sólo de Folha, para cubrir y explicar los orígenes, los personajes y las consecuencias del movimiento.

No se sabía con quién hablar. No se explicaba cómo había sido organizado de forma tan amplia. Eran raras las voces y los rostros de los que estaban al frente del movimiento. ¿O no había líderes? ¿Era un movimiento sólo de autónomos? ¿Había empresarios por detrás? Los periódicos tardaron en empezar a entender. Y explicar a su lector.

La edición de Folha de jueves (24) cita a la CNTA sólo al mencionar el alcance de la huelga. Reportajes y análisis trataban sólo el lado oficial: el del Gobierno, Congreso y Petrobras. Lo que denuncia la mirada viciada del periódico en el poder y el distanciamiento y la poca información de sectores organizados de la sociedad. Ningún reportero demostró tener entre sus fuentes a un líder de los transportistas.

No era tarea sencilla. Es una categoría pulverizada, sin liderazgo único, con sindicatos concurrentes, muchos autónomos y con grandes empresas de transporte organizadas. Y la articulación se dio esencialmente por aplicaciones de mensajería instantánea, estrategia cada vez más común y que dificulta la investigación.

Folha tardó en conseguir dar a su lector un mínimo de información sobre los protagonistas de los actos que pararon Brasil. Al final de la noche del día 24, publicó un reportaje interesante sobre la camionera que había creado tres grupos de WhatsApp, por los que convocaba a los partidarios al acto. No se publicó en la versión impresa.

La editorial de Mercado, Alexa Salomón, fue transparente al explicar que tenía tres reporteros dedicados a este asunto, pero que, hasta el inicio de la noche del viernes, la historia no estaba lista para ser publicada.

"Como esta movilización está parando el país y hay sospecha de locaute, sería precipitado atribuir a esta o aquella entidad o empresa el liderazgo de la movilización sin que tuviéramos más detalles", afirmó.

La incapacidad de los periódicos para identificar, medir y explicar cómo llegó el país a la crisis que afectó a la rutina de todos es preocupante. En un momento crucial para mostrar su relevancia, Folha mostró falta de preparación, desorientación y fragilidad de análisis.

Además de los actos en sí, toda la cuestión legal y política de la reacción del Gobierno, que anunció el uso de las Fuerzas Armadas contra manifestantes y acciones temerarias como la incautación de bienes, fue poco cuestionada y analizada.

Los periódicos fueron atropellados por la huelga de los camioneros y empresas de transporte.

Traducido por AZAHARA MARTÍN

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