Preguntar no ofende

El buen entrevistador debe mantener una sana distancia con el entrevistado y, en el caso específico del presidente, atenerse a la necesaria liturgia del cargo

Paula Cesarino Costa
São Paulo

El periodista de larga trayectoria en Washington, el estadounidense Russell Baker, antiguo columnista del diario The New York Times, una vez resumió de forma ácida el oficio que ejerció: "Pasé la vida en pasillos de mármol esperando que personas importantes me mintieran".

Invitado a comentar los continuos enfrentamientos entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la prensa, Baker, hoy con 93 años, resumió de forma simple su punto de vista: "Es una estrategia para impresionar a las personas y lucrar con ello al final".

El análisis de Baker, enviado por un lector de la columna, puede explicar la confrontación de la semana pasada entre Trump y el periodista de CNN Jim Acosta, que resultó en la suspensión de la credencial del reportero por parte de la Casa Blanca. Aquello fue, sin duda, uno de los gestos más arbitrarios en la relación con la prensa de la historia de los corresponsales en Washington.

Acosta cuestionó al presidente sobre la caravana de latinoamericanos que se acerca a EEUU y luego sobre la investigación de una supuesta colusión con Rusia para influir en las elecciones de 2016. Trump se enfadó, se quejó de lo que llama mentiras continuas de la CNN y ordenó que el reportero se sentara y soltara el micrófono que tenía en las manos.

Otros tres reporteros también sufrieron los enfrentamientos del presidente en los últimos días, reforzando la hipótesis de que Trump actúa siguiendo una estrategia calculada.

La reacción inmediata de la mayoría de los profesionales y de las empresas de medios fue solidarizarse con Acosta y criticar al presidente por no respetar el derecho de expresión y la libertad de prensa. No obstante, las voces discordantes, analistas de medios como Al Tompkins y Kelly McBride, del Instituto Poynter, criticaron al reportero. "Queremos que los periodistas hagan preguntas y busquen la verdad, pero el tono de Jim Acosta fue de discurso", escribieron. Para ellos, si Acosta hubiera formulado su pregunta en un tono más neutro, probablemente habría obtenido más información.

Sin dejar de condenar la agresividad y la falta de respeto al derecho a la información por parte de Trump, entiendo que estos críticos tocaron en un punto importante y delicado. ¿Cuál es el límite de la actuación de un reportero? ¿Hasta dónde puede ir al periodista para intentar sacar a su entrevistado de la zona de confort y obtener información?

Los manuales de periodismo recomiendan que, en una entrevista, las preguntas sean cortas y objetivas, sin contener afirmaciones que puedan dar la impresión de que el entrevistador ya tiene una opinión formada sobre el personaje o el asunto. Hay una clara diferencia entre ser incisivo y ser ofensivo. La buena pregunta es técnica, busca esclarecer, no confrontar.

El Manual de Folha orienta al periodista a tratar al entrevistado con educación, incluso al hacer preguntas incisivas; estimula que no deje de abordar temas espinosos y predice que, si la respuesta es evasiva, debe insistir en obtener una respuesta más clara y objetiva.

La misma semana que Trump registró su conflicto más grave con la prensa estadounidense, el presidente electo brasileño, Jair Bolsonaro, concedió varias pequeñas entrevistas a los periodistas que acompañan la transición.

Llamó la atención el trato amistoso con que José Luiz Datena, de la Band, trató a Bolsonaro, dirigiéndose a él por el primer nombre y tuteándolo.

El buen entrevistador debe mantener una sana distancia con el entrevistado y, en el caso específico del presidente, atenerse a la necesaria liturgia del cargo. Debe ser respetuoso, sin mostrarse servicial. Hay un punto intermedio ideal entre una cosa y otra.

En el otro extremo, noté la forma reverencial con que diversos periodistas trataron al futuro ministro de Justicia, Sérgio Moro, en una larga rueda de prensa. Repetidas veces fue llamado "doctor", en un tono que puede más demostrar la subordinación que respeto.

Transmitida en red nacional, dio a la población la posibilidad de evaluar el desempeño tanto de entrevistado como de entrevistadores. Un lector escribió al ombudsman reclamando la pregunta de Folha, que consideró sin relevancia alguna. Para él, "parecía militancia política".

La periodista Camila Mattoso recordó que Moro había definido al presidente electo como "ponderado y sensato". Citando entonces que Bolsonaro ya defendía la tortura, la dictadura, grupos de exterminio, dijo que sería incapaz de amar a un hijo gay y afirmó que pretendía "fusilar a petistas". Moro respondió que esas afirmaciones son muchas veces "sacadas de contexto" y que, en su opinión, Bolsonaro moduló el discurso a lo largo de la campaña.

Desde mi punto de vista, la pregunta tenía sentido y buscaba aclarar hasta qué punto Moro podría asociarse a episodios que están lejos de la ponderación y la sensatez y por los que podrá ser juzgado en el futuro -por lectores, por electores y por la historia.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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