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La necesidad de la palabrota que da precisión a la noticia molesta al lector

Paula Cesarino Costa
São Paulo

Como cualquier otra relación, la que conecta el lector al periódico está hecha de amor y odio, orgullo y decepción. Algunas situaciones específicas despiertan reacciones inmediatas de enfado e indignación. Una de las más frecuentes involucra a las palabrotas, expresiones ordinarias y términos sexuales, especialmente si se publican con destaque.

Debo advertir pronto al lector que este texto contiene palabrotas, palabras escatológicas y sexuales, por la simple imposibilidad de discutir la cuestión sin reproducirlas. El que se sienta incomodado puede interrumpir la lectura ahora.

La entrevista publicada el día 27 con el escritor Olavo de Carvalho, gurú de parte de la derecha brasileña y del presidente electo, Jair Bolsonaro, reavivó el debate. La respuesta a una pregunta específica repercutió en las redes sociales y entre los lectores del periódico.

"¿ Qué piensa sobre la educación sexual en las escuelas? ", preguntó la reportera. "Cuanto más educación sexual, más putarío en las escuelas. Al fin y al cabo, se está enseñando al niño a dar el culo, chupar polla y exprimir la teta de la otra en público. Creen que la educación sexual está haciendo bien, pero sólo está haciendo mal. El Estado no tiene que meterse en la educación sexual de nadie", afirmó Olavo Carvalho.

Muchas de las críticas se concentraron más en la declaración del entrevistado que en la decisión del periódico de publicarla. Pero hubo quien se quejó de que Folha da guarida a este tipo de lenguaje. Muchos vieron sólo la necesidad de impresionar y llamaron la atención por parte del entrevistado. El profesor de filosofía Ruy Fausto lo expuso con acidez en Ilustrísima: "En realidad, la única cosa rigurosa en el discurso de Olavo de Carvalho son las palabrotas. Las palabrotas cumplen por sí solas dos funciones: violencia y familiaridad".

Cito otros dos episodios similares, que recibieron tratamientos editoriales diferentes. Durante la apertura del Mundial en Brasil, en 2014, la entonces presidenta, Rousseff, "fue hostilizada por hinchas con insultos y abucheos", según informó la primera página de Folha. Internamente el texto relataba que fue insultada durante un minuto por hinchas: "Eh Dilma, vete a tomar por el c ... ", recurriendo a las reticencias por decoro.

En abril de 2018, al magistrado de la Corte Suprema Gilmar Mendes se le preguntó quién había pagado el vuelo que lo había llevado al seminario en Portugal, organizado por el Instituto en el que es miembro, la víspera del juicio del habeas corpus del expresidente Lula. La respuesta vino en forma de insulto: "Devuelve esa pregunta a tu editor y dile que se la meta por el culo. Eso es una tontería, ese tipo de pregunta es una falta de respeto, una falta de respeto".

Folha informó sobre lo ocurrido de forma discreta en un artículo que llevaba por título "Gilmar afirma que la pregunta de reportero de Folha es una tontería". En la ocasión que, por ser magistrado de la principal corte del país, en respuesta a una pregunta legítima, pertinente y no agresiva, la expresión más fuerte debería no sólo haber figurado en el título como haber sido publicada con mayor destaque. La frase grosera era la noticia.

Los textos de opinión y las caricaturas son también motivo frecuente de quejas de lectores. La columnista Tati Bernardi, por ejemplo, me justificó: "Defiendo los coños y pollas y peos y mierdas en el periódico y, sobre todo, en la literatura. Pero el motivo tiene que ser noble. No siempre acierto".

El nuevo Manual de Redacción de Folha no profundiza en esta discusión específica. Sólo orienta que textos que contengan "palabrotas o material que pueda ser considerado obsceno o perturbador" sean discutidos con la Secretaría de Redacción antes de ser publicados.

No queda claro qué puede ser definido perturbador y en qué circunstancia tal palabra tiene relevancia periodística que justifique su publicación, con mayor o menor destaque, aunque parte de los lectores se sienta agredida.

En consonancia con una sociedad de costumbres más informales, los periódicos brasileños siempre han sido más liberales al respecto que las publicaciones de otros países. Los periódicos de circulación internacional como The Wall Street Journal y The New York Times revisaron recientemente las restricciones a las palabras y las expresiones ordinarias.

Estoy de acuerdo con la regla que se está haciendo mayoritaria en la prensa internacional. Si la precisión de una obscenidad, vulgaridad u otra expresión ofensiva es esencial para la comprensión  de un evento relevante, por parte del lector no sólo para transmitir el color o la emoción, los editores deben considerar válidos el uso del término.

Por otro lado, no es convincente el argumento de que reproducir una expresión vulgar es necesario para transmitir atmósfera o intensidad de sentimiento. La relevancia periodística debe tener precedencia a la regla de las buenas costumbres, pero el periódico no debe recurrir a la vulgaridad en nombre de una supuesta liberalidad.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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