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Publicado en 11/04/2016

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La verdad duele

27/09/2013 - 09h51

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ELIANE CANTANHÊDE
COLUMNISTA DE FOLHA

Pasó casi desapercibido, pero no fue un mero detalle de la apertura de la Asamblea General de la ONU: la presidenta de Brasil habló duro contra los EE UU, pero ni el presidente Obama, ni el secretario de Estado, John Kerry, ni la consejera de seguridad, Susan Rice, estaban allí. Y, dicen, que la propia embajadora de los EE UU en la ONU solo llegó a última hora.

No fue por falta de aviso. El mundo entero sabía que Rousseff apuntaría con el dedo en la cara de Obama por el espionaje. Él también.

Timothy Clary/AFP
Rousseff hizo bien al decir: "Jamás el derecho a la seguridad de los ciudadanos de un país puede garantizarse mediante la violación de derechos humanos y civiles fundamentales de los ciudadanos de otro país".
Rousseff hizo bien al decir: "Jamás el derecho a la seguridad de los ciudadanos de un país puede garantizarse mediante la violación de derechos humanos y civiles fundamentales de los ciudadanos de otro país".

Hipótesis 1 para justificar su ausencia: Los americanos, siempre tan puntuales, se atrasaron por culpa del tráfico y llegaron tarde a la ceremonia.

Hipótesis 2: El jefe Obama estaba por allí, en algún lugar, esperando su turno para hablar, y su equipo no podía hacer la corte a Rousseff.

Hipótesis 3: A Obama y a su equipo no les interesan las quejas (justas, dígase de paso) ni el griterío de la presidenta de Brasil.

Hipótesis 4: Fue una respuesta a la decisión de Rousseff de cancelar la visita oficial a Washington, alegando que no habría clima para la conversación bilateral luego de la evidencia del espionaje americano a la propia Presidencia brasileña.

De cualquier forma, si los EE UU debían un pedido de disculpas a Brasil por la interceptación ilegal de datos de ciudadanos, empresas, representantes diplomáticos y del Planalto, ahora deben dos: el segundo por la falta de elegancia y desinterés ante el discurso de la presidenta ante decenas de jefes de Estado y, por extensión, a todo el mundo. El objetivo eran los EE UU y Obama. Y ellos deberían haber prestado atención.

Rousseff usó términos fuertes como "ilegal", "indignación", "repudio" e "inadmisibles". E, independientemente de la tentativa en vano de liderar un movimiento por un marco internacional de internet, ella hizo bien al decir: "Jamás el derecho a la seguridad de los ciudadanos de un país puede garantizarse mediante la violación de derechos humanos y civiles fundamentales de los ciudadanos de otro país".

¿Cómo no estar de acuerdo?

Traducido por MARÍA MARTÍN

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