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Publicado en 11/04/2016

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Editorial: Curitiba pasó por poco

20/02/2014 - 11h41

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DE SÃO PAULO

Cuando faltan menos de cuatro meses para el comienzo del Mundial, había todavía una duda muy grande: el estadio de Curitiba, una de las 12 ciudades-sede, podía ser excluido de la competencia porque sus obras están muy atrasadas.

El impasse, ilustrativo de la preparación insuficiente del país para el mega-evento, se resolvió el martes. Se confirmó finalmente que el estadio de Paraná va a recibir cuatro partidos de la primera fase del Mundial.

Para empeorar las cosas, el anuncio oficial de la decisión fue retrasado media hora y la delegación de Curitiba se retrasó otros 20 minutos en relación al nuevo horario.

Dejando a la desorganización de lado, se trata, a partir de ahora, como afirmó el secretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, de "una carrera contra un plazo muy corto y que va a exigir una vigilancia constante".

El estadio, de propiedad del Club Atlético Paranaense, tiene cerca del 90% de las obras concluidas y deberá estar listo en un 100% sólo a mediados de mayo, un mes antes del primer partido que tendrá lugar allí.

Desde el punto de vista de la logística y del deporte, la mejor decisión que la FIFA podría haber tomado fue mantener a Curitiba como sede. Miles de fanáticos ya compraron sus entradas para los partidos en la ciudad y, de lo contrario, tendrían que haber sido resarcidos, en una compleja operación, con amenazas de procesos judiciales.

Además, redistribuir esos cuatro partidos en otras sedes implicaría no sólo perjudicar el césped de otros estadios sino también obligar a las selecciones y patrocinadores a rever sus planes de traslado aéreo, hospedaje y campos de entrenamiento.

La decisión de mantener la participación de Curitiba en el Mundial, no obstante, también tiene sus costos. Acelerar las obras de última hora, por cierto, es una de las muchas estrategias utilizadas por quien tiene poco aprecio por los recursos públicos, lo que va en contra de la cantilena de que la Copa del Mundo sería financiada mayoritariamente por la iniciativa privada.

Al Atlético-PR no le bastaron los 226 millones de dólares (94,6 millones de dólares) ya recibidos como financiamientos del BNDES y del gobierno de Paraná; van a ser necesarios otros 65 millones de reales (27,2 millones de dólares) en préstamos estatales al club para concluir el estadio.

São Paulo y Porto Alegre, las otras sedes en las que los estadios son privados, también tienen problemas financieros por el alquiler de instalaciones temporarias exigidas por la FIFA. Es probable que buena parte de ese monto, estimado en 40 millones de reales (16,7 millones de dólares) por ciudad, sea asumido por las municipalidades.

Aunque no sea una novedad, la situación refuerza las críticas a la organización del Mundial. Sin mencionar el prometido legado de infraestructura y movilidad urbana, relegado ya hace mucho tiempo.

Traducido por NATALIA FABENI

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