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Publicado en 11/04/2016

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Editorial: 7 de enero

09/01/2015 - 13h40

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DE SÃO PAULO

Diciendo haber vengado al profeta Mahoma, asesinos encapuchados entraron en un auto negro y aceleraron con rumbo desconocido.

En el video, que fue difundido tiempo después, es posible ver cómo fusilan a un policía, caído en la vereda, antes de huir.

Así terminaba el atentado que mató a 12 personas, entre periodistas, dibujantes y policías, en la sede del semanario satírico "Charlie Hebdo", en la mañana de este miércoles 7 de enero de 2015, en París.

La publicación estaba amenazada desde hacía tiempo por el islamismo extremo. En 2011, un incendio intencional fue provocado en la sede de la revista, buscando castigar a los autores de algunas caricaturas del profeta.

Nadie en la redacción se intimidó. Al contrario, las ediciones siguientes se dedicaron a condenar, por medio del sarcasmo, la mente limitada y la violencia de los fundamentalistas.

Su director, Stéphane Charbonnier, aparecia en una "lista de buscados" de Al-Qaeda; hoy está muerto, al igual que uno de los más famosos dibujantes de todo el mundo, Georges Wolinski, fusilado a los 80 años.

Los responsables por el atentado, sin dudas, habrán visto cuánto el humor es importante para la defensa de la libertad y de la razón.

El terrorismo es muchas veces una respuesta de pura venganza, como queda ejemplificado en el ataque a una escuela en Paquistán, en donde estudiaban los hijos de los militares comprometidos en la represión contra los extremistas.

En la masacre de París, se agregaron objetivos diversos. Se quería silenciar una publicación que actuaba como fuente incansable de desmoralización de aquello que las religiones pueden tener de más triste, de más irracional, de más homicida.

Fue por medio de la ridiculización, por cierto, que el Iluminismo consiguió varias de sus brillantes victorias contra la intolerancia dogmática de la Iglesia Católica en el siglo XVIII.

Los panfletos de Voltaire, la relativización de las tradiciones a cargo de la pluma de Montesquieu, el urbano escepticismo de Hume, todo contribuyó para terminar con la intolerancia de la Iglesia-por tonta, inútil, ciega, ridícula- y con la obediencia literal a un sistema de creencias de una época de miedo e ignorancia.

La limitación católica fue vencida; se recuperó, de la religión cristiana, lo que siempre tuvo de pacificador, caritativo y generoso. Hoy, lo que pueda haber de pacífico, abierto y bueno en el islamismo se ve, en cada momento, amenazado por ese ejército de bárbaros.

En un ambiente en el que algunos jóvenes occidentales se sienten fascinados por el islamismo extremo, el esfuerzo y el coraje exigidos para desarmar el oscurantismo pasan, una vez más y como siempre, por la libertad de expresión y-más que nunca- por el talento de hacer bromas y de reír.

En este atentado que, de acuerdo con lo que dicen algunos comentaristas, fue el "11 de Septiembre" de la prensa mundial, es ilustrativo que la víctima haya sido una publicación satírica.

La indignación, la bronca, el luto y las lágrimas se imponen. Pero que no se pierda la sonrisa. Tristes son los asesinos. Lo nuestro es la sonrisa de la libertad, de la esperanza y de la razón.

Traducido por NATALIA FABENI

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