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Opinión: Recrear la vida en el valle del río Doce

23/11/2015 - 16h26

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SEBASTIÃO SALGADO

La velocidad con la que la acción humana explota los recursos naturales provocó un gran desequilibrio ambiental en el valle del río Doce.

Un cuadro agravado ahora aún más por la tragedia de la rotura de la represa de la empresa Samarco en Mariana, donde quedó seriamente comprometida la vida tanto en el río Doce como de las personas que viven en sus alrededores.

Es un desastre ambiental sin precedentes, que nos enoja y nos deja perplejos. El lodo que corre a lo largo del cauce del río ya enterró vidas, historias y esteriliza la diversidad ecológica. Sabemos que muchas pérdidas serán irreparables, pero no podemos permitir que la tragedia nos paralice.

Evitar que los daños se multipliquen, responsabilizar a todos los culpables y acelerar las medidas compensatorias son sólo los primeros pasos que hay que dar.

Es necesario ir más allá, con la estructuración de un plan que permita la reconstrucción del valle, de forma responsable y comprometida, para garantizar la dignidad de las más de cuatro millones de personas que allí residen.

Con casi dos décadas de trabajo en el valle del río Doce, haciendo un gran esfuerzo por rescatar a la naturaleza en una zona muy afectada por la destrucción de la selva tropical, el Instituto Terra defiende la propuesta de crear un fondo con un peso económico significativo, subsidiado por los responsables de la tragedia, con un modelo que permita generar recursos para proyectos ambientales, sociales y económicos, y de generación de empleo e ingresos en toda la región de la cuenca.

El fondo debe cubrir la totalidad de las acciones compensatorias, exigiendo un gran compromiso por parte de los gobiernos federal, estatales y municipales involucrados.

También exigirá la participación del Ministerio Público Federal y de los estados de Minas Gerais y Espírito Santo. Ante este escenario desafiante de recuperación ambiental requerida, tendrá también que haber un intercambio de conocimientos y tecnologías, escuchando a la sociedad, a las universidades y a los centros de investigación.

Un gran esfuerzo colectivo podría transformar una región deteriorada en un modelo para la reconstrucción del ecosistema, la producción de agua y el desarrollo sostenible.

La constitución, el control y la distribución de este fondo también debe ser un trabajo colectivo y transparente, para evitar desvíos en su función o el empleo inadecuado frente a las necesidades de rehabilitación del valle del río Doce.

Los valores de compensación primero deben ser medidos a partir de un estudio detallado y técnico de los daños involucrados, evitando tanto la aplicación de multas aleatorias que no tengan como destino específico la recuperación del valle y evitar la tentación de utilizar los recursos para los programas y acciones que ya se le debían a la población antes de la catástrofe.

Tenemos que evitar el mal uso de este fondo, ya que es más una cuestión de interés social y colectivo que una política de gobierno. Es de suma importancia que el depósito de estos fondos se haga en una entidad bancaria responsable, bajo un parámetro ya existente como el del fondo especial para la Amazonia, bajo custodia del BNDES.

El Instituto Terra puede sumar a este proceso un programa de recuperación de nacientes, utilizando técnicas ya probadas y reconocidas por la Agencia Nacional de Aguas (ANA) y la ONU-Agua. Ahora más que nunca, tenemos que producir agua para restaurar la vida en el río Doce.

El proceso de reconstrucción del medio ambiente en el valle será a largo plazo, y debería funcionar asociado a otras innumerables intervenciones de rescate social y económica, realizadas por diferentes actores.

Momentos como éste deben ser encarados con una visión más amplia, ya que permite una reflexión profunda sobre el modo de vida actual y las posibles soluciones para un futuro de reconexión con la naturaleza.

SEBASTIÃO SALGADO tiene 72 años, es fotógrafo y cofundador y vicepresidente del Instituto Terra

Traducido por NATALIA FABENI

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