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Opinión: Decidí romper el silencio y hablar sobre la corrupción en Brasil

04/05/2015 - 15h47

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EMÍLIO ODEBRECHT

Con la difusión del balance de Petrobras decidí romper el silencio y manifestar mi opinión sobre hechos que han causado tantos prejuicios, tangibles e intangibles a los brasileños. Me refiero al asunto que desde hace casi un año ocupa un lugar en nuestro día a día: la corrupción y la falta de una agenda clara de crecimiento con desarrollo en Brasil.

La corrupción es un problema grave y debe ser tratado respetando la ley y los principios del Estado democrático y de derecho, pero es fundamental que la energía de la nación, particularmente de los líderes, de las autoridades y de los medios de comunicación, sea canalizada hacia un debate que trate aquello que es necesario hacer para cambiar el país. Quien vive en Brasil quiere mirar el futuro con optimismo -del que no nos podemos olvidar-, sin tener que digerir el pasado y el presente.

El balance de Petrobras cobra una dimensión simbólica cuando se dice que el valor de pérdidas causadas por la corrupción fue de 2000 millones de dólares y por errores de la gestión fue de 14.500 millones de dólares - tanto estratégicos, como de la gerencia y operacionales-.

Son números que utilizo para ilustrar la urgencia que tenemos en poder liberarnos de dos plagas, porque tanto la corrupción como la mala gestión son agujeros por los que se escapan riquezas, energía, dinero público y valores morales, drenando compromisos, posibilidades y esperanzas.

Pagamos un precio muy alto por la falta, prórroga y error en las decisiones. Pagamos un precio muy alto por el costo Brasil, que encarece nuestros productos y servicios y desestimula la competitividad del país. Pagamos un precio muy alto por los presupuestos sin proyectos y por la interferencia política en la gestión de nuestras empresas públicas.

Por eso, necesitamos movilizarnos, por el bien del crecimiento con desarrollo, renovando nuestras percepciones y comportamientos y proponiendo una agenda de futuro, compartida con la sociedad, dentro de un proceso de cambios para el cual los medios de comunicación tienen mucho para contribuir.

Asimismo, es indispensable paquete de ajuste fiscal no podría ocurrir sin la definición clara de dónde, cómo y cuándo queremos llegar, ligado a los pilares de esa agenda que el momento exige. Nuestros deseos e intenciones deben ser transformados en objetivos y prioridades definidos con claridad con los responsables por hacerlos suceder.

Pocos brasileños tienen noción del costo que tiene paralizar varias veces una obra o inversión durante su implementación. Se movilizan trabajadores, equipos y recursos, y después se retiran. Después de vuelven a movilizar, y así continua la historia. ¿Quién paga esa cuenta?

Tanto la falta de planeamiento como de decisiones previas termina siendo un generador de costos muy elevados para el país, porque cuando no se hace lo que es necesario realizar en el tiempo indicado, hacerlo de forma rápida y sin proyectos listos ni recursos financieros necesarios, sale mucho más caro.
No podemos olvidar los perjuicios causados por instituciones responsables por la fiscalización, auditoría, aprobaciones ambientales, etc. cuando deciden posponer o paralizar emprendimientos necesarios para el país.

La lucha contra la corrupción es necesaria. Como también es necesario que la sociedad, los medios de comunicación y las liderazgos reaccionen para que Brasil deje de tolerar la incompetencia, la irresponsabilidad y la falta de preparación en la gestión pública. Porque la causa que es común a todos nosotros es la construcción de un país mejor para las generaciones futuras.

EMÍLIO ODEBRECHT, 70, es presidente del Consejo de Administración de la constructora Odebrecht S.A.

Traducido por NATALIA FABENI

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Martin Kovensky

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