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Publicado en 11/04/2016

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Editorial: Innovar o innovar

16/06/2015 - 15h52

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DE SÃO PAULO

Una tormenta perfecta se está formando sobre los sectores más dinámicos de la economía nacional, derivada de la incapacidad para innovar.

A la tradicional dependencia de la tecnología extranjera, se le suma ahora un fuerte freno de la producción, que provoca la suspensión o retraso de muchos planes de inversiones.

Como sucede con la verdad en una guerra, las primeras víctimas de la recesión son las actividades de investigación y desarrollo (I+D).

Pero el país solo generará mejores productos y empleos para competir en el mercado internacional si logra modernizar su industria, algo que en los días que corren implica mucho más que solamente importar máquinas nuevas.

El diagnóstico es tan antiguo como exasperante: las empresas brasileñas invierten poco en innovación.

Las estadísticas de inversión en I+D aún reflejan esa deficiencia: en Brasil, sólo se invierte un 1,21% del PIB en investigación y desarrollo, mientras que en China ese porcentaje es del 1,98% y en Corea del Sur es de 4,30%.

Lo que es peor todavía es que la mitad de esas inversiones (44%) viene del sector privado y el resto corre por parte de instituciones estatales; en el caso de los asiáticos, esa proporción es del 75%.

Consciente de esa situación, el gobierno federal intenta desde hace años encontrar una solución para este problema, creando programas y líneas de financiamiento, aunque con poco resultado.

Con la retracción de la economía, ni el Estado ni la iniciativa privada cuentan con nuevos recursos para apoyar la innovación.

Además de eso, el aumento de los intereses no incentiva precisamente la inversión en proyectos de riesgo y de largo aliento, como sucede con la generación de tecnología.

Para complicar más el panorama, la importación de maquinaria también se encarece con la reciente devaluación del real.

El país, mientras tanto, no tiene otra alternativa más que innovar.

Por difícil que sea, es decisivo usar bien, y rápido, los instrumentos que están a disposición. El primer -y más obvio- paso que debería ser tomado sería levantar barreras innecesarias, como la burocracia.

Un ejemplo: en Brasil lleva 10,8 años obtener una patente, contra 2,6 en Estados Unidos.

Otro: la creación de la Empresa Brasileña de Investigación e Innovación Industrial (Embrapii) llegó para acelerar los plazos de financiamiento para los acuerdos de cooperación entre empresas y centros de investigación, pero necesita ganar escala y movilizar rápidamente los casi 400 millones de reales (128 millones de dólares) que tiene a su disposición.

Por último, hay que reforzar la actuación del BNDES. Después de todo, su apoyo a las investigaciones del Centro de Tecnología Canavieira para mejorar la productividad del sector del alcohol traerá probablemente más beneficios para el país que la dudosa política de préstamos subsidiados para crear "campeones nacionales".

Traducido por NATALIA FABENI

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