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Publicado en 11/04/2016

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Opinión: La bala y la Biblia

08/07/2015 - 15h50

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MARCELO COELHO
COLUMNISTA DE FOLHA

Frente a los disparates ocurridos en la Cámara de Diputados de Brasil, un lector de Folha escribió que el país está finalmente pagando el precio de un antiguo olvido: el de los terribles estándares de la educación pública.

Sugirió que no habría otra razón para tamaño festival de estupidez e intolerancia en relación con los derechos de los homosexuales, la cuestión de la edad de imputabilidad, la despenalización de las drogas y otros temas relacionados que muchas veces no llegan a tener mucha visibilidad en los foros sociales de discusión.

Por ejemplo, me dejó los pelos de punta una sesión de la Cámara de Diputados que vi por televisión donde un amplio coro de líderes partidarios defendía la aplicación de penas más severas para los casos de lesión corporal cuando la víctima fuera un policía.

En otras palabras: imagine que un delincuente que se dio a la fuga dispara o atropella a una persona cualquiera. Esa persona no muere pero queda en silla de ruedas para el resto de su vida. Naturalmente, se debe castigar al responsable.

Diputados de varios partidos defendían que la pena aumentara en caso de que la persona alcanzada por el tiro o por el auto que se dio a la fuga, en vez de ser usted o yo, fuera un policía.

Hubo quienes, en esa sesión, tuvieron el coraje de decir que el crimen es igualmente grave, sea que la víctima fuera un ciudadano cualquiera o un miembro de la "corporación".

La persona estaría arriesgándose a pasar por "amigo de los delincuentes" y "enemigo de la policía".

El sesión terminó posponiéndose, pero la lógica es siempre al misma. Quien habla de derechos humanos, en el Brasil de hoy, no necesita espera mucho para que alguien le ponga -metafóricamente- un cuchillo en el cuello: "Ah, ¿entonces está usted a favor de los delincuentes?".

El radicalismo retórico se multiplica en muchas áreas. Un parlamentario, el otro día, criticó la Marcha de la Marihuana. Defender la despenalización de su consumo sería lo mismo, de acuerdo con su forma de pensar, que apoyar la descriminalización de la pedofilia.

Del mismo modo, apoyar el casamiento entre personas del mismo sexo es querer destruir el matrimonio heterosexual. Y así sigue.

Cualquier posición moderada o sensata se vuelve muy complicada y, por lo tanto, ambigua, para este tipo de personas. El extremista sólo ve posiciones extremas; la simplificación aumenta su fuerza de ataque, y no hay nada más fuerte, más agresivo, más ciego, más estúpido que un rinoceronte corriendo sin sentido.

¿Es posible que la ola del obscurantismo, la violencia de la derecha burra y el crecimiento del orgullo reaccionario tengan su principal origen en la falta de instrucción generalizada, en la falencia del sistema educativo, como fue señalado por el lector de Folha?

Creo que es importante recordar otras causas de este fenómeno. La brutal desmoralización que la izquierda alegremente se autoinflingió fue cuando se asoció, antes incluso de la llegada del ex presidente Lula da Silva al poder, a la derecha religiosa que hoy le da tanto trabajo.

Y no es por casualidad que, en la actualidad, sean los evangélicos y los de la bancada de la bala los principales personajes de la marea conservadora.

Brasil cosecha los frutos de un proceso que, diariamente, y a lo largo de las décadas, fue fácil de verificar a simple vista. Solo basta con prender la televisión abierta.

En el horario de la tarde, vemos programas que explotan al máximo el tema de la violencia urbana. De noche, tenemos el bombardeo de todo tipo de predicadores evangélicos.

No podría ser otro el resultado: diputados pastores y diputados policías tejen alianzas en la Cámara de Diputados.

Mientras que nosotros, los iluminados, izquierdistas, criticábamos a la Rede Globo y sus novelas alienantes, ni siquiera considerábamos la brutalidad de los Ratinhos y Datenas.

Mientras tanto, los modernizadores, los liberales de derecha que defienden la privatización, encantados con la perspectiva del protestantismo simpatizan con el capital y la eficiencia del trabajo, en contraposición a las tendencias colectivistas del catolicismo.

En verdad, se construye una caricatura de Weber tan distorsionada como las caricaturas de Marx. La utopía de la modernidad americana protestante, al estilo de Benjamin Franklin y la Declaración de los Derechos del Hombre, se convirtió en una pesadilla de la cultura gángster, la fisiología y la caza de brujas.

En resumen, el oscurantismo actual no es sólo una señal de vacío de la falta de conocimiento. Fue construido con paciencia, en cada hogar brasileño, bajo el signo de la inseguridad, del miedo y de la ira, a la luz de un tubo de televisión.

Traducido por NATALIA FABENI

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