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Publicado en 11/04/2016

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Editorial: Ni Rousseff ni Temer

02/04/2016 - 21h16

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DE SÃO PAULO

La presidenta Dilma Rousseff (PT) perdió las condiciones de gobernar el país.

Es con pesar que este periódico llega a esta conclusión. Nunca es deseable interrumpir, incluso por medios legales, un mandato presidencial que fue obtenido a través de una elección democrática.

Después de que su partido protagonizara los mayores escándalos de corrupción de los que se tenga memoria; después de que ganara la reelección a costas de una clamorosa estafa electoral; después de que su gobierno provocara la peor recesión de la historia, Rousseff cosecha lo que se merece.

Se formó una inmensa mayoría a favor de su destitución. Las mayores manifestaciones políticas de las que se tenga registro en Brasil tomaron las calles para exigir la remoción de la presidente. Siempre oportunistas, las fuerzas dominantes en el Congreso ocupan el vacío dejado por el colapso del gobierno.

La administración fue colocada al servicio de dos propósitos: frenar el juicio político, mediante una descarada compra de apoyo parlamentario, y proteger al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y compañeros cercanos con problemas en la Justicia.

Aunque gane la batalla en la Cámara de Diputados, lo que parece cada vez más improbable, no se vislumbra de qué modo Rousseff pueda volver a gobernar. Persistirán los factores que llevaron al quiebre de su autoridad.

Mientras Rousseff permanezca en el cargo, la nación seguirá crispada, paralizada. Es forzoso reconocer que la presidenta constituye hoy el obstáculo para la recuperación del país.

Folha continuará empeñándose en publicar un resumen equilibrado de los hechos y un espectro plural de opiniones, pero pasa a incluirse entre los que prefieren la renuncia al juicio político .

A pesar de que existan motivos para la destitución, incluso porque la legislación establece una copiosa gama de opciones, ninguno de ellos es irrefutable. No es que falten indicios de mala conducta; falta, hasta ahora, la comprobación cabal. Las maniobras fiscales son una razón cuestionable en una cultura presupuestaria aún permisiva.

Aun desmoralizado, el PT tiene el respaldo de una minoría expresiva; el juicio político tenderá a dejar un rastro de resentimiento. Ya la renuncia traduciría, en un gesto de desapego y realismo, la consciencia de la mandataria de que condiciones ajenas a su voluntad le impiden encargarse de la misión.

Esa misma consciencia debería tener Michel Temer (PMDB), quien tampoco dispone de suficiente apoyo de la sociedad. Dada la gravedad excepcional de esta crisis, sería una bendición que el poder retornara rápidamente al pueblo, a fin de que invistiera a alguien de la legitimidad requerida para promover reformas estructurales y sacar al país de la parálisis.

El Tribunal Superior Electoral juzgará las cuentas de 2014 y podrá anular la fórmula presidencial elegida. Sea por esa salida, sea por la doble renuncia, la población sería convocada a participar en una nueva elección presidencial, en un plazo de 90 días.

Es imprescindible, antes, que la Cámara de Diputados o la Corte Suprema de Brasil aleje, de una vez por todas, la nefasta figura de Eduardo Cunha -el próximo en la línea de sucesión-, reo en esa corte y quien jamás podría conducir a Brasil en ese intervalo.

Rousseff debe renunciar ya, para ahorrarle al país el trauma del juicio político y superar tanto el estancamiento como la calamidad sin precedentes del actual gobierno.

Traducido por MARTÍN E. RUSSO

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