Policía, delincuentes y armas: la rutina de los médicos de urgencias de Río de Janeiro

Con 6 muertes violentas al día, los facultativos de unidades estatales viven permanentemente asustados

Júlia Barbon
Rio de Janeiro

Fueron cuatro horas de cirugía. Silvia (nombre ficticio) tuvo que drenar el torax, abrir la región cervical y reconstruir algunos vasos sanguíneos de un joven que había sido tiroteado. Sin embargo, este duro trabajo, se fue por el sumidero unas horas más tarde.

Por la noche, un grupo de narcotraficantes invadió el Hospital Federal de Bonsucesso, en el norte de Río de Janeiro, fingiendo buscar atención ortopédica, e irrumpió en la habitación en la que se encontraba el herido recuperándose junto a otros 11 pacientes para "terminar el encargo".

Los centros de salud en el Estado de Río acumulan el mayor número de muertes por causas violentas en el país (Foto: Giovanni Bello/Folhapress, COTIDIANO) - Folhapress

El sujeto murió acribillado intubado en una camilla, mientras los médicos y las enfermeras se escondían en habitaciones contiguas.

Este suceso ocurrió hace unos 15 años, pero la cirujano, que no quiso revelar su identidad por miedo a represalias, no olvida los detalles.

La médico recuerda innumerables situaciones de violencia que ha vivido en sus casi 30 años de urgencias en Río.

Además de heridas de bala, estos médicos están acostumbrados a tratar con la policía y con los delincuentes en su día a día. Al menos un policía militar siempre está allí de guardia 24 horas  para registrar sucesos.

“Cuando los agentes de policía vienen corriendo desesperados o en grupo, es porque algo ha salido mal. Cuando el paciente es un delincuente, vienen despacio y con la sirena apagada", dice el cirujano ortopédico Ricardo Farias.

Los centros de salud del Estado de Río acumulan el mayor número de muertes violentas del país, considerando las agresiones (principalmente armas de fuego) y las intervenciones policiales.

En 2017, se produjeron 2.296 muertes, de acuerdo con Datasus, o lo que es lo mismo, una víctima cada cuatro horas.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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