El petróleo se extiende por ríos y manglares, y ya amenaza el turismo y la pesca en Bahía y Sergipe

Folha recorrió ocho playas de cinco ciudades de la costa noreste

João Pedro Pitombo
Salvador

“Fue Dios quien creó este aceite para lubricar los ejes de la Tierra. Al hombre se le ocurrió toquetear y ha acabado aquí en la playa matando nuestros peces ", dice el pescador Givaldo Batista dos Santos, de 57 años.

Desde un bote de fibra de vidrio, el pescador mira hacia al horizonte mientras navega por el Itapicuru, un río que nace en el interior y desemboca en la frontera entre Bahía y Sergipe.

El paisaje es paradisíaco: el afluente se encuentra con el mar en medio de manglares y cocoteros en la playa de Siribinha, un pequeño pueblo de 500 habitantes en el municipio de Conde (a 181 km de Salvador).

Barril en la playa de Sergipe, en Aracaju Crédito: Adema-Governo do Sergipe-26.set.19/Divulgação

Pero hay un elemento extraño entre conchas y cangrejos a orillas del mar y del río: el mismo petróleo que ya estaba llegando a las playas en ocho estados del noreste llegó con fuerza a la costa de Bahía.

Folha visitó ocho playas en cinco ciudades costeras de Bahía y Sergipe, y encontró un escenario desolador. En los pequeños pueblos localizados a lo largo de la costa, los residentes viven una mezcla de impotencia, ira e indignación.

La presencia de petróleo ya se ha registrado en 139 playas de 63 municipios del noreste, según el Ministerio del Medio Ambiente. Y gradualmente, comenzó a penetrar en ríos como Itapicuru, Vaza-barris e incluso en el São Francisco, llegando a estuarios que son el vivero de especies de plantas y animales.

Además de la pesca, el turismo es una de las principales fuentes de ingresos de la costa noreste y también se ha visto directamente afectado por la llegada de las manchas. En las posadas de Sítio do Conde, los visitantes que llegaron para disfrutar del puente del 12 de octubre cancelaron sus reservas.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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