Tarsila destrona a Monet como exposición más visitada de la historia del Masp

La artista se erige como emblema de la nueva modernidad al asumir la ambivalencia entre lo europeo y lo popular

ANÁLISIS

SILAS MARTÍ
São Paulo

Cerrado durante el fin de semana, después de cuatro meses de muestra, una exposición de Tarsila do Amaral destronó a la de Claude Monet como el mayor éxito de taquilla del Masp: 402.850 personas fueron a ver a la modernista brasileña este año, frente a las 401.201 personas que visitaron las pinturas del impresionista francés, en Agosto de 1997.

La semana pasada, cuando llegó a 350.000 visitantes, Tarsila ya se había convertido en el artista brasileño más visto en el Museo de la Avenida Paulista, que presumió del crecimiento de público a través de las redes sociales y amplió los horarios de visita.

Las últimas horas de la exposición fueron de entrada gratuita. (Foto: Jardiel Carvalho/Folhapress, ILUSTRADA) - Folhapress

Se debe recordar que los números no son ultra precisos. Esto es porque la pinacoteca solo tiene datos de la administración actual, que comenzó hace cinco años. Pero de un análisis rápido de las últimas décadas se desprende que ninguna otra exposición alcanzó anteriormente la marca de 400.000 visitantes en el museo más grande del país y mucho menos la de un artista nacional.

Sin embargo, más que la gratificación instantánea de publicar un selfie perfecto frente a las pinturas, la multitud que paraba frente a los colores de Tarsila tal vez buscaba en las galerías del Masp una sensación que juzgaban  inaccesible siendo tan cerca de casa. Abaporu, blanco de los objetivos de las cámaras, se convertía allí en un pariente tropical de la Mona Lisa, la gran obra maestra del Louvre.

Si el museo parisino era un palacio real, el edificio modernista erigido por Lina Bo Bardi, en la avenida Paulista, es un templo de la fase más heroica de nuestra vanguardia arquitectónica, una caja de vidrio flotante tan transparente como impenetrable.

No solo por el precio de la entrada- escandalosos R$ 40-, impagable para las clases más bajas, sino porque el museo parece incluso una ofensa en un país que experimenta uno de sus momentos más agudos de ataques a la cultura. Nunca fue tan visitada una exposición de un artista brasileño ni Brasil había coqueteado tan descaradamente con la idea de establecerse como el gran imperio de la estupidez.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

Lea el artículo original