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Brasil da un baño de realidad a la FIFA

12/12/2013 - 12h10

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ELIO GASPARI
COLUMNISTA DE FOLHA

Joseph Blatter, presidente de la FIFA, piensa que es un jefe de Estado y lleva una vida de magnate. Viaja en el avión de la entidad de fútbol internacional, es recibido por presidentes de todo el mundo y cruza ciudades rodeado de guardaespaldas.

Además, presencia los partidos de fútbol en espacios VIP, en donde mozos sirven champagne y caviar. Felizmente, durante la apertura de la Copa de las Confederaciones, la presidenta Dilma Rousseff se quejó de ese tipo de trato.

La FIFA no es un Estado, pero, si lo fuera, con su largo antecedente de sobornos, estaría entre las cleptocracias de segunda división. Para los brasileños se trata de una historia bien conocida, gracias a João Havelange, quien dirigió los destinos de la federación de fútbol internacional desde 1974 a 1998, cuando se transformó en presidente honorario.

Renunció el pasado abril, en un intento por escapar de un escándalo de corrupción. La FIFA es una organización de elite y el Mundial se transformó en un emprendimiento que mueve miles de millones de dólares.

Durante las manifestaciones de junio en Brasil, la presa internacional recordó que la competencia de fútbol será realizada en un país en donde multitudes protestan contra la tarifa del transporte público, mientras la entidad anunciaba que entre los patrocinadores del evento estará el champagne Taittinger, que cuesta 100 dólares la botella.

La FIFA cambió el horario de siete partidos del Mundial, atendiendo los pedidos de los patrocinadores y de las emisoras, interesadas en transmitir los encuentros en vivo, una posibilidad que estaba prevista. Las personas que compraron las entradas teniendo en cuenta los horarios originales y por algún motivo quisieran que su dinero fuera reembolsado, perderán, por lo menos, un 10% del valor pagado.

O sea, es como si una persona hubiera marcado un turno con el dentista, hubiese pagado por adelantado, el doctor decide cambiar el horario y el paciente, en caso de querer cancelar esa visita, deberá perder un 10% de su dinero. A la FIFA no le costaría casi nada hacer las cosas bien, incluso porque serán muy pocas las personas que quieran su dinero reembolsado.

Cuando la burocracia de la elite baja a Brasil con esa gran desconsideración, crea antipatias poco necesarias. Blatter vende entradas para una población que lo ve moverse rodeado de guardaespaldas (en Río ya llegaron a cerrar las transversales a la avenida Atlántica para que pudiera circular libremente).

Los precios de las entradas serán bien salados, las compañías aéreas y los hoteles están subiendo sus tarifas también. Además, el evento pondrá en las calles a miles de policías con el entrenamiento y el proceder que mostraron en junio pasado.

Esos problemas son parte de la vida nacional y no es preciso agravarlos. Blatter debería venir a Brasil por tres días para vivir como una persona común.

Así vería que el amigo que lo hospeda en Río o en São Paulo paga más impuestos a la propiedad que él mismo en Suiza. Descubría también que mientras paga el equivalente a 100 reales (43 dólares) por año para andar de aquí para allá, y cuantas veces quiera, por las autopistas de su país, aquí pagará 40 reales (17 dólares) solo por el trecho que va de Río a São Paulo, con derecho a embotellamientos.

Cuando un brasileño llega al aeropuerto de su país, debe tener mucha paciencia en la aduana. Él no. Como es suizo, verá que en los aeropuertos brasileños la fila para el control de pasaportes de los nativos es mucho más larga que la de los extranjeros.

Cuando ocurrió el accidente en el estadio Itaquerão, en São Paulo, Blatter le pidió a "Dios y a Alá" que garanticen la entrega de los estadios a tiempo. En caso de que los brasileños se inquieten durante el Mundial, Blatter quizás se arrepienta de haber invocado sus nombres en vano.

Traducido por NATALIA FABENI

Lea el artículo original

Vanderlei Almeida/AFP
Dilma Rousseff habla junto al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, durante el sorteo final de los equipos para el Mundial 2014
Dilma Rousseff habla junto al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, durante el sorteo final de los equipos para el Mundial 2014

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