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Las madres inmigrantes mantienen sus costumbres pero introducen los frijoles en la dieta

Vivir en comunidades de compatriotas las ayuda a seguir tradiciones

Paulo Gomes Guilherme Garcia
São Paulo

La guineana Samira Nancassa y su hijo forman parte de una estadística creciente en Brasil, la de madres inmigrantes. De los datos del Ministerio de Justicia analizados por Folha se desprende que los países de de origen de la mayoría  de estas mujeres pueden ser tan diversos como las vecinas Argentina y Bolivia o las distantes China y Corea del Sur.

La africana de Guinea Bissau Samira Ariana Nancassa Arlete (29), juntoa su hijo Wallid Gustavo Arlete Camara (2), (Foto: Bruno Santos/ Folhapress) - Folhapress

Muchas de estas mujeres viven en comunidades de compatriotas y mantienen sus costumbres. La china Yuhuang Li, por ejemplo, matriculó a sus hijos en una escuela donde la mitad de las clases se imparte en mandarín. El marido, que es taiwanés, creció en Brasil. "Él tiene amigos que son de China y que también crecieron aquí, son una comunidad", dice.

 En la alimentación, lo que más resulta curioso a estas madres que vienen de otros países es la presencia diaria del frijol en el plato del brasileño. "No comemos tanto frijoles, pero sólo eso", dice Eliezka, de 28 años, de Venezuela, al describir las diferencias gastronoómicas entre los dos países.

 La congoleña Nathalie dice que el frijol, que también consumido en el Congo, se volvió diario en casa por el marido. "Tiene que comerlo todos los días [desde que llegó a Brasil], si no, protesta", dice.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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